Tras una tarde en la que he salido loca con problemas de física y química y redacciones de francés imposibles aquí os traigo una entrada con información muy curiosa.
Hace unos días mi profesora nos habló de la posibilidad de trabajar con moscas del vinagre, ya que, según nos comentó, son muy útiles a la hora de estudiar la genética. Sabiendo esto he decidido buscar información y nunca hubiese pensado que un insecto tan molesto como son las moscas tuviesen tanta importancia en la lucha contra enfermedades neurodegenerativas como son el alzheimer y el párkinson.
Posiblemente ahora estéis tan sorprendidos como yo, pero unos científicos de Texas han utilizado una ingeniosa estrategia genética para identificar (primero en la mosca del vinagre, después en ratones y células humanas) los componentes que causan esa acumulación de células tóxicas, y han comprobado que actuar con pequeñas moléculas contra ellos revierte la neurodegeneración.
Estos científicos han diseñado de arriba a abajo una estrategia para encontrar lo que ellos llaman “puntos de entrada terapéuticos” contra estas enfermedades neurodegenerativas. Han utilizado la poderosa genética de la mosca Drosophila melanogasterpara para rastrear el genoma en busca de cualquier otro sistema biológico que afecte al grado de acumulación de esas proteínas tóxicas. Y han trabajado en paralelo con ratones y células humanas, cuyos sistemas no son, naturalmente, idénticos a los de la mosca, pero sí lo bastante como para avanzar mucho más rápido que si hubiera que empezar desde cero con ellos.
Los españoles debemos sentirnos orgullosos al saber que uno de los autores del trabajo, y uno de los pioneros en la aplicación de la mosca al estudio de la neurodegeneración humana, es Juan Botas, formado en Madrid como genetista de Drosophila e investigador.
Esta investigación nos da un poco de esperanza en cuanto a la cura de estas enfermedades, así que con esta noticia alentadora me despido por hoy. Un besoo.
Fuente: El País.
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